Mi foto
No puedo cambiar (prefiero desaparecer)
Palabras distribuídas sin ningún tipo de orden especial, o espacial, o sí.

23.4.14

A los autos y al ruido:

Hay días en que el dolor se traslada a otras partes. Hay días en que me deslizo por abajo del acolchado y no pienso en nada de lo que pasa. Hay algo de tus ojos que me acuerdo que es tan familiar, y la vez es tan lejano que parece que pasó hace tres mil años luz, pero seguro no fue hace tanto. Hay una parte de cómo-caer-sin-lastimarme que me acuerdo, pero hay otra parte aún más grande que me olvidé. Y es que siempre caigo en el mismo círculo de tropezarme conmigo misma y mirar como una idiota si hay alguien más mirando - pero nunca hay nadie más mirando. Tengo la suerte de vivir en una burbuja de oxígeno renovable. A veces entra gente a la burbuja, a veces sale la gente de la burbuja. Pero otras veces, simplemente se rompe, y entra el agua, y me ahogo en todo lo que me dicen y todo lo que me digo que no tengo que decir para no sentir de nuevo que estoy balbuceando en otro idioma que todavía no fue inventado. Lo único que quiero es respirar sin sentir que eso también me va a ahogar. Hay veces en que lo hago, hay veces en que no. Nunca le des nada a nadie, porque de todos modos no lo van a entender. Nunca le prestes nada a nadie, porque de todos modos lo van a romper. Nacemos y morimos todos de formas tan diferentes que, es inútil que te hagan creer que somos todos iguales. No quiero ser igual a nadie, no quiero tragarme nada de lo que me mete en la cabeza tu televisión,
tus revistas,
tus diarios,
tu forma de cómo comportarse en público,
tus universidades privadas,
tu ropa de moda,
toda tu gente.
Buenos Aires, a veces me asfixiás pero nunca lo suficiente como para matarme. Sólo lo justo como para que me acomode. No me voy a acomodar, no me interesa si tengo que vivir toda una vida sintiendo que no siento nada porque este mundo de mierda no me hace sentir nada. En algún momento todo esto se va a caer, y voy a estar esperando el golpe,
el impacto,
el fuego,
el cambio.
Y (re)nacer en otro lugar igual a éste, pero sin tantos moretones de antemano.
En otro momento vamos a volver a ser, todos. En otro momento voy a ser.
El mundo sigue girando y la gente sigue caminando por la vereda de la sombra. El verano se acaba y todo sigue su curso. Y yo sigo mi curso también.
//Todo lo que puedas creer es real. Todo lo que puedas pensar es lo que existe. El resto es historia (ajena).

24.2.14

La iglesia con la cruz de neón

En algún lugar de la ciudad hay una iglesia que tiene una cruz de neón muy alta. Lo sé porque la ví pero no recuerdo dónde estaba. La luz es azul y brilla más fuerte que todas las estrellas. O brilla más fuerte de lo que podemos ver brillar a cualquier estrella. Sé que en esa iglesia pasan cosas, no sé qué cosas pero sé que pasan. Lo sé porque alguien me lo dijo. O capaz me lo dije yo pero no importa, porque el cuarto está empezando a distorsionarse. Y estoy moviendo los pies con una masa de gente sobre las ruinas de lo que alguna vez supo funcionar como un banco. Pienso en la iglesia con la cruz de neón y se me revuelve el estómago, y se me altera la sangre, que empieza a circular más rápido, para después circular más despacio, para después circular más rápido y después parar. Me excuso con la excusa de que necesito tomar aire, y subo al piso de arriba, donde por fin me alejo de toda esa gente que sé que simplemente no está sintiendo nada más que lo que consideran alguna suerte de libertad sensorial, o una libertad espiritual que en realidad está siendo nula. No puedo hacer foco en mucho más que en mis propias manos y me acuerdo de que alguna vez me dijeron que nunca tenés que mirarte las manos si tomaste algo más que alcohol. Una vez me dijeron que si se te entumece el brazo izquierdo significa que estás por tener un paro cardíaco. Y tambien significa que tenés que dejar de pensar en eso. Antes de que llegue al baño me frena un tipo vestido de negro, que adivino entre tanta confusión, debe funcionar como empleado de seguridad del lugar. Se me acerca y me dice ''sos muy linda''. No le contesto. Se me acerca más y me dice ''no arruines tu vida''. Le digo ''qué?''. Y por un momento creo que me va a rescatar, pero no, no es eso. Tiene en los ojos algo que me dice que no debería confiar en él. Y no lo hago. Pero se me acerca más y me dice ''no arruines tu vida, sos muy linda, por qué no venís para un lugar más tranquilo conmigo?''. Le sonrío porque me da miedo. Le sonrío porque estoy completamente empastillada y no puedo pensar. Y me vuelvo a acordar de la cruz de neón, y pienso que él debe ser el tipo de personas que se acercan a ese templo cuando cierra, o cuando abre a medianoche, da igual. Me alejo de nuevo escaleras abajo pensando en volver a dejar de pensar, y me sigue. Como una sombra o un cargo de pensamientos pesados. Tiene algo en la mirada que me hace tenerle asco y me pone a temblar. Me voy corriendo de una forma tan sútil que quizás hasta parecería que estoy bailando. No importa. Nadie lo nota. Finalmente me encuentro con el grupo de personas con el que fui, y cuando me preguntan si está todo bien, les digo que sí. Pasan un par de horas, o de minutos (no lo sé porque en El Banco la noción del tiempo no existe) y nos vamos. Cuando estoy afuera me doy cuenta de que pasó algo que me hizo hacer algún click en mí que no me gusta, pero veo a una mariposa negra volar, y recuerdo que hay alguna libertad que es ajena a todo eso, a todo esto. Y ahí, de nuevo, por fin, me siento bien. La iglesia con la cruz de neón no está cerca, no sé dónde está, capaz nunca la vuelva a ver. Todo vuelve a estar bien, o se parece con mi idea de lo que es "estar bien". Mañana es otro día.

21.2.14

(Al) - bienestar:

Te dejo ganar por esta vez (como la mayoría de las veces). Me muero de ganas de sentir algo diferente pero todo me lleva a lo mismo. Pienso en luces. Pienso en mi cuerpo. Pienso en tus no lunares. Me dan ganas de que tengas la espalda llena de lunares para poder trazar constelaciones imaginarias desde un punto a otro con mis dedos, o con mi cabeza, da igual. Tengo ganas de que durmamos una siesta eterna en la que soñemos que estamos en otro lugar igual a este, con la diferencia de que en ese lugar nos estamos sintiendo bien todo el tiempo, y eso no llega a ser aburrido. Quiero que el aburrimiento no exista, quiero que seamos colores y que pintes mi piel pálida de azul francia con un montón de pinceles de distintos tamaños. Pero no, no es eso. Lo que quiero en verdad es colorearme de muchos colores con esos crayones que se vuelven acuarelas cuando les echás agua. Me gustaría brillar en el mundo de una forma que contagie y que haga bien. Y que la gente no me mire como si supieran. Como si supieran ese algo. Quiero ser colores por adentro y por afuera también. Algún día le voy a volver a dar a alguien el poder de destruirme y no lo va a hacer. Lo sé porque sé que esas cosas pasan. Sabés qué es lo bueno? Todo puede pasar, y aunque a veces no seamos consciente del todo: el mundo es nuestro. Hoy, y mañana, y el resto de la eternidad también. Brillemos. Vos, yo, las estrellas. Y el mar también, cuando refleja la luna y no hay nada más.

25.1.14

Self-inflicted

Dos meses es un montón de tiempo para que cambie todo y no cambie nada. Cerré la puerta bien fuerte, tan fuerte que no sólo no te dejé entrar a vos, tampoco dejé entrar a nadie más. Y perdí la llave en alguna parte de mí que espero que no recuerdes. Me dejé olvidarla. Lo que tenga que venir está bien. No puedo correr eternamente de las cosas que pasan. No puedo correr eternamente de vos si te metés en el medio de mi camino cada vez que intento cambiar de carril. Te tengo que chocar y salir ilesa. Y eso es lo más difícil. Estadísticamente soy una persona normal que responde de igual forma a todo a lo que responden los demás. El pronóstico meteorológico de esta noche anuncia que no saben qué va a pasar. Yo digo que no me importa, porque siempre es más fácil si digo que no me importa. Estoy en este lugar reducido a nada que me dice que duermo todos los días con la misma ropa que usé para salir anoche y anoche, y anoche, y anoche. Y hoy me desperté con una llamada de emergencia de mi cerebro que me decía que ya no me puede repetir que lo que tenga que ser será. Me apago y las luces se encargan de repetirme que sí existo, que aunque sea otro punto entre las masas de gente moviéndose al unísino todavía me corre sangre por las venas. Y tengo ganas de decirle a mi corazón que deje de funcionar, tengo ganas de que saquen mi sangre de circulación. Pero no, no es eso, no me quiero morir. Sólo quiero saber que estoy haciendo las cosas bien. Sólo quiero que me digan que estoy conduciendo bien. Quiero decírmelo y creérmelo. Y capaz esta noche alguien me lo diga. Y vuelva a ser feliz (si es que alguna vez lo fui).

12.12.13

Quería escribir acá «morite» y se me escribió solo «moriré», qué vida de mierda.

8.12.13

Sábado

Hoy me desperté a las cuatro y trece de la tarde. Contesté el celular. Recibí un inbox que decía: siempre te quise decir que eras hermosa pero nunca encontré el momento. Sonreí. Después me puse un poco triste. Me duché. Hice planes para la tarde. Hablé con gente. Me sequé el pelo. Me cambié. Salí de casa en bici. Fui a buscar a un amigo a su casa. Después a una amiga. Fuimos a una feria en una plaza. Comí un par de rabas. Una tenía una espina. Me pareció tan raro que dejé de comerlas. Me compré una bondiola a la mostaza. Le eché un montón de sal que me había robado del puesto de rabas. Me senté en el pasto. Me sentí incómoda porque había mucha gente. Le eché más sal a la bondiola. Sugerí que fuéramos a tomar un helado. La primer heladería estaba cerrada. Puteé. Fui a buscar mi bici. Un fisura que estaba apoyado contra ella me hizo saludarlo. Me fui por el lado con menos gente de la plaza. Compré un cuarto kilo de sabor lemon pie, chantilly con frutillas y dulce de leche bombón. Le caí mal al heladero. Me tiró una cucharita encima medio a propósito medio que no. Me senté en las mesas de afuera. Charlé de un montón de banalidades. Miré a una mujer embarazada que llevaba un perro y un hijo de unos dos años y me alegré un poco por mi vida, y me entristecí un poco por la suya. Me acordé que me tenía que ver con otro amigo. Lo llamé, le dije que no iba. Llamé a otro amigo, me dijo que fuera a su casa que estaban ahí un par. Fui a su casa. Tomé dos fernets sin hielo que no estaban para nada ricos. Fumé tabaco armado. Conté la historia de, no, no me acuerdo qué historia conté. Pero sé que no era una historia copada. Me reí de mí misma. La gente se rió también. Fuimos a otro lugar. Recitaban poesía y pintaban gente. Y vendían alcohol y empanadas muy baratas. Compré una cerveza. Me puse a hablar con dos chicos que me ofrecieron flores. No sabía que eran flores hasta después. Fumé bastante. Uno era muy lindo. Era tan lindo que cuando contó que tenía novia y acababa de irse a vivir con ella me dí cuenta de que posiblemente estuviera perdiendo el tiempo. Igual le ofrecí un poco de cerveza. Cambié de lugar en la fiesta. Me tomé otro vaso de cerveza. Fumé tabaco armado. Se me acercó un tipo con bigote que tenía una mirada muy profunda y me preguntó si yo leía ahí. Le dije que no, que no leía. Le pregunté si él leía. Me dijo que antes sí, pero ahora ya no, porque tampoco escribía más, y porque había roto todos los papeles con todo lo que escribió en su vida en público. Le dije 'ah, claro'. Le dije 'por qué hiciste eso?', aunque no parecía importarle mucho si preguntaba o no. Me contestó que lo hizo para liberarse, y que cualquier cosa que te ate al pasado no tiene razón de existir. Me dijo que los actores estaban en contra de utilizar emociones pasadas para actuar sensaciones presentes. Me dijo que recordar las cosas pasadas te ata a fantasmas, que eso no hace falta. Lo que aprendiste ya lo aprendiste. Me dijo que el verdadero camino de uno se construye en el presente. Me dijo que hay que liberarse. Me dijo que el tiempo libera, pero que la linealidad temporal no deja de ser una creación del hombre. Me dijo que el ser humano construye pocas relaciones, que la mayoría de las cosas son pasajeras y no aportan. Que el rencor no aporta, que nada que implique pasado aporta. Le dije que tenía razón. Después pregunté si alguien tenía tabaco. El tipo de bigote me miró un rato largo pero no le quise decir más nada, porque él ya me había hecho su aporte, y creo que no quería escuchar nada más. Tuvimos que hablar bajo porque seguían recitando poesía. Una mujer francesa se enojó con un chico que le tiró una piedra según ella. Me regalaron una porción de torta y una empanada. Me traje un burro de cartón a mi casa. Camino a casa andando en bici, paré a cargarle aire. Justo pasaron dos flacos que también iban a cargar aire. Uno de los dos estaba muy duro, el otro era un ángel. El ángel me dijo 'de dónde viene una chica como vos, sola? qué hacés acá?', y le dije 'lo mismo que vos'. Me preguntó si era del barrio, le dije que sí. El duro se peleó con la rueda de mi bici un rato, me ayudaron a inflarla. Les cambié monedas para que inflaran la suya. El duro insistía en decirle 'Freddy' al ángel pero el ángel le decía todo el tiempo 'no soy Freddy!'. Después de que casi reventaran la rueda de mi bici dos veces, se infló y me fui. Antes de despedirme les dije 'chau chicos, que tengan mucha suerte'. Los dos me sonrieron y me dijeron 'gracias, que tengas un buen viaje hasta tu casa'. Me sentí bien por un rato. Recargada de vibras positivas o algo así. Pedaleé rápido, pasé muchos semáforos en rojo. Llegué a casa en muy poco. Le dí agua a mi conejo. Mi conejo suena a posesión, bueno no, a Chuck. Me senté acá. Pasó otro día. Puedo. Son las cinco y treinta y un minutos de la mañana. Estoy viva y creo que eso está bien (sí, sigo sin tener certezas).

7.12.13

Estaba segura de que era Domingo pero no, un sábado.

Yo era otra persona. Yo era otra persona antes. Pero vos seguís igual.
Y estuve pensando hoy que capaz eso explique muchas cosas. O capaz sea otra de las tantas cosas absurdas que me imagino e invento en mi cabeza. Me intenté curar de vos, pero es inútil. Prefiero no pensarte para no arruinar el resto de mi existencia. Si a fin de cuentas, siempre todo es cuestión de tiempo. El tiempo rompe paredes, el tiempo tira castillos abajo, destruye. Eso nos pasó (y espero que eso nos pase).

Cada vez que miro la frasecita que tengo escrita en el antebrazo siento mucho alivio.